Disimular : (Del lat. dissimulāre). 1. tr. Encubrir con astucia la intención. U. t. c. intr. 2. tr. Desentenderse del conocimiento de algo. U. t. c. intr. 3. tr. Ocultar, encubrir algo que se siente y padece. Disimular el miedo, la pena, la pobreza, el frío. U. t. c. intr. 4. tr. Tolerar, disculpar un desorden, afectando ignorarlo o no dándole importancia. U. t. c. intr. 5. tr. Disfrazar u ocultar algo, para que parezca distinto de lo que es.

2/06/2006

De estrellas y luciérnagas.

Tienen que ser inventadas. Porque si no es imposible, ¿a quién se le ocurre llenar el cielo de tantas estrellas?. Son millares, demasiadas. Nunca las terminamos de contar. Porque las contamos, siempre las contamos. De noche, cuando se corta la luz. O cuando estamos lejos, muy lejos de los faroles de la ciudad. Vamos de norte a sur, de este a oeste, de arriba abajo y decimos una, dos, tres, veintocho y mil cuatrosientas treinta y dos. Y no, no, porque ahí hay otra, la que nos salteamos porque todavía no estaba del todo oscuro, o porque nos distrajo el perro, el gato o un ratón. Nos distraemos y zas, otro puntito que encontró lugar donde no había lugar.
- Permiiiso - pide el puntito blanco, y empuja y vuelve a empujar un poquito más. Y todavía no. Todavía no. Y pling, o pin, o cualquiera que sea el ruido que hacen las estrellas cuando aparecen. Y ahí está, una más para contar.
Parece mentira que siempre haya un pedacito de noche más. Casi como si se ayudaran para divertirse.
- Mirá - dice una estrella - ahí hay alguien que cree que ya nos conoce a todas
- A ver - le responde la noche - Ah, sí, tenés razón.
Entonces le hace un poco más de lugar y listo, se ríen las dos. Por eso las estrellas titilan. No creo que haya otra explicación. ¿A quién se le ocurriría titilar sólo por titilar ?. A mí no. Por algo debe ser. Como las luciérnagas.
Una vez alguien me dijo que las luciérnagas cargan su lamparita en los postes de luz . Puede ser que sea verdad. O al menos eso parece. Tal vez por eso se llenan de bichos las lámparas. Miles de moscas, mosquitos y bichitos verdes que quieren ser como las luciérnagas y brillar y apagarse y brillar y apagarse. Pero no pueden. Vuelan y pum, se dan contra el vidrio. Pero no se rinden. De alguna manera logran meterse por algún agujerito que ni la lamparita conocía. Y ahí quedan, pobres, tratando de brillar un poco.
Por eso las luciérnagas son como estrellas, o al revés. Las dos brillan cuando quieren. Aparecen y cuando las vamos a agarrar se apagan y se van. Y ahí, a unos manotasos más lejos vuelven a aparecer.
- Acá estoy - nos dicen, para que las busquemos. Pero cuando nos acercamos, zacate, de vuelta todo negro. Como si les agarrara la verguenza un segundo antes.
Son demasiado parecidas. Alguna de las dos se tiene que haber copiado. Da igual. Sirven para cuando se corta la luz y la noche está tibia, como invitándonos a entrar. O salir. Como quieran.

1 Comments:

Blogger Faro said...

jajaja, es buenísimo, tu estilo mismo =P.

Aunque tras un análisis más profundo es obvio que estás hablando de la invasión cultural entre los pueblos de oriente medio y su correlación lingüística con el mundo occidental (sí, sí).

Abrazo ^^

2:07 p.m.

 

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