Disimular : (Del lat. dissimulāre). 1. tr. Encubrir con astucia la intención. U. t. c. intr. 2. tr. Desentenderse del conocimiento de algo. U. t. c. intr. 3. tr. Ocultar, encubrir algo que se siente y padece. Disimular el miedo, la pena, la pobreza, el frío. U. t. c. intr. 4. tr. Tolerar, disculpar un desorden, afectando ignorarlo o no dándole importancia. U. t. c. intr. 5. tr. Disfrazar u ocultar algo, para que parezca distinto de lo que es.

11/16/2006

El final de las aventuras del Capitán Santiago

Otro hermoso día; otra apasionante aventura junto a nuestro querido y valiente Capitán Santiago. El sol señala la hora y el Capitán monta su bañadera de blanca anchura con motor fuera de borda y cinco feroces garras de león color sepia olvidado. Un impenetrable le abre paso a la bola blanca que se va haciendo camino entre el mar de filas y columnas verde y marrón corteza, corteza que no quiere, no quiere pero deja pasar las patas garras de león olvidado.
Ya es media tarde y el calor despega infinitas gotas del piso que se transforman en nube, atisban a lluvia y vuelven a caer como pelotas de líquido transparente sobre el piso de hojas y barro, barro y corteza de huellas sepia. La bañadera avanza y el Capitán escudriña en busca de su presa. Cinco papeles glasé de colores emergen de entre ventanas de hojas, se encienden y las llamas los lamen, lenguas rosadas, verdes, azules, cenizas que se deshacen en el viento y salpican a Santiago.
Más allá de los árboles boreales y la figura del verde corteza llega la cerámica blanca y pisa el pasto de un enorme claro que le hace cosquillas a un cielo furioso. El Capitán conoce el lugar, saca su pentagrama de cuatro líneas y esboza un Sol mayor, después un Si bemol y espera, espera. De repente, un tropel de violines. Cinco puentes de madera que vuelan entorno al Capitán, se enamoran de la melodía. Santiago los mira, feliz, busca en el fondo de la bañadera y encuentra su arpón de cadenas.
Un violín se acerca demasiado, muy cerca, las cuerdas se le mezclan entre las líneas y el violín se enreda en el pentagrama. Despierta del ensueño y forcejea, quiere escapar. Tironea de las cuerdas y se golpea frenéticamente contra las líneas, pero ya es demasiado tarde para volar. El Capitán apunta y el arpón besa la madera, la corteza sepia olvidado. El violín musita un ruego, profundo Do bemol, en su piel de arce con arpón de cadenas, muere. Santiago lo agarra y lo guarda dentro de la profunda bañadera. Los violines desaparecen. El león emprende la vuelta.

Por fin se acuesta el sol sobre la línea del horizonte y la desdibuja. Allí, ¿qué es eso de allí? Un lago, una laguna y una bola blanca se asoma decente entre los pliegues del agua. Santiago siente vergüenza, olvidó su ropa y la burbuja se proyecta húmeda sobre la bañadera, una luz como ciega le devora las ideas. El Capitán toma su arpón y se entabla una feroz lucha. El Capitán olvidó su decoro, lo correcto inmóvil en el barro donde se pintan las huellas de garras sepia, sepia de corteza donde se derrite para siempre el bronce de un león olvidado.