Carta
Porque se desvanecen los días, las horas; el instante. Todo lo que pasó, ese sujeto tácito existe y yo lo sé, me lleva de la mano y me arrastra hasta que tropiezo. Duele. Y entonces me doy cuenta de que fue real –es real-. Te lo quiero gritar, lastimarte y luego decirte al oído, tenue y apagado para que ni nosotros oigamos pero sí escuchemos que todo lo que te asustaba no importa. Me lo pedís y es aire.
Esa puta caricia que me regalaste fue de una crueldad infinita, terrible, pero no alcanza porque necesito el fuego y quemarme. Sólo entonces te beso, claro que te beso y algo se me mete en las entrañas, se me retuerce la sangre de veneno. Carajo con tus ojos de tinieblas y el miedo que me crece dentro. Basta de sutilezas, de palabras armadas ¿me oís?, de un mar dormido ¿me sentís respirar? Esta es mi carta de despedida. Te juro, mi amor, hasta el fin de los tiempos.

