Disimular : (Del lat. dissimulāre). 1. tr. Encubrir con astucia la intención. U. t. c. intr. 2. tr. Desentenderse del conocimiento de algo. U. t. c. intr. 3. tr. Ocultar, encubrir algo que se siente y padece. Disimular el miedo, la pena, la pobreza, el frío. U. t. c. intr. 4. tr. Tolerar, disculpar un desorden, afectando ignorarlo o no dándole importancia. U. t. c. intr. 5. tr. Disfrazar u ocultar algo, para que parezca distinto de lo que es.

2/25/2006

Mini tésis sobre el amor.

El amor es algo hermoso. Llena de vida los corazones de las personas, las une, les alegra las vidas. Exceptuando quizás a la tía Isabel, pero eso es un caso aislado. Lo importante es que sin el amor no podríamos existir. De hecho, seríamos como troncos huecos pudriéndose por dentro. Entes vacíos sin objeto en la vida. Porque el amor lo es todo.
Mi novia y yo somos el ejemplo perfecto. El uno para el otro. Nos encantan las mismas cosas. Amamos salir a pasear por el parque, o a correr los lunes por la tarde, mirar el cielo y alimentar a las palomas... Aunque a ella le gusta mirar telenovelas y yo preferiría los canales de fútbol... y la verdad es que las palomas ya me tienen los.... bueno, ustedes entienden. En fin, casi las mismas cosas. Algo más, algo menos. Picantes en una relación; condimentos para que no sea tan aburrido. Fuera de esos detalles somos como almas gemelas. Nos amamos y muchísimo.
Nuestros cuerpos por ejemplo. Cada parte del suyo es como agua para mí. Desde sus ojos azules hasta sus piernas...algo peludas... Quizás si tuviera la cola algo más parada... Pero no importa, yo la amo de todas maneras. Y ella también desea mi cuerpo. Le encantan mis bíceps y mi cadera, y ama mi pecho. Dice que estoy algo gordinflón...pero qué sabrá ella. Nadie es perfecto, ¿o sí? Jejeje....
Yo sé que mi tiempo con ella es invaluable. Pasamos cada momento juntos; cada noche, cada mañana, cada atarceder, cada comida, cada baño, cada maldito segundo de mi abur...Pero, ¿qué estoy diciendo?. No puedo calcular ni siquiera en oro mi preciado tiempo con ella. Quizás sea demasiado tiempo...pero, no hay nada escrito sobre gustos.
Dentro de unos días será mi cumpleaños, y yo sé que ella me sorprenderá maravillosamente con algo espectacular. De hecho, quiero un perro, nada grande, pero tampoco uno de esos pequeños con un mal humor, bueno, un mal humor de perros. Pero no estoy seguro. Ella no parecía muy ilusionada. Dice que la casa se va a ensuciar y que no vamos a poder estar tranquilos ni un segundo. Que hay que sacarlo a pasear y que yo no me voy a hacer cargo, que la comida, los baños, los pelos suelos, la alergía. Nunca entiende nada de lo que le pido. Nunca se pone en mi lugar. Un perro quiero. Ni un auto ni mudarnos ni relaciones sexuales fuera de lo normal. Un maldito perro, nada más que eso. Pero no, claro, no porque la suciedad y esto y aquello. ¿ Y la suciedad de los bebés qué?. Porque sí, ella quiere un bebé. Ja, un bebé. Con lo caro que están los pañales, las cunas y la educación. ¿Despertarme a las 4 de la mañana para alimentar a una alimañana sedienta de sangre? No lo creo. No, a mí no me engañan. Esta mujer me quiere sacar el jugo de la vida de un sorbo y dejame consumido y viejo para que no pueda protestar. No señor, yo soy libre, libre como el viento. Nada ni nadie me va a atar a ningún lugar. Las mujeres son todas iguales.
El amor es algo horrible. Nos llena de egoísmo y nos marchita antes de tiempo. No se dejen engañar, mis amigos. Apenas sientan mariposas en la panza, corran lo más lejos posible y, si pueden, no contesten el teléfono o las cartas. Tengan mucho cuidado. Es una cacería allá afuera. Y nosotros somos los ciervos.

2/06/2006

De estrellas y luciérnagas.

Tienen que ser inventadas. Porque si no es imposible, ¿a quién se le ocurre llenar el cielo de tantas estrellas?. Son millares, demasiadas. Nunca las terminamos de contar. Porque las contamos, siempre las contamos. De noche, cuando se corta la luz. O cuando estamos lejos, muy lejos de los faroles de la ciudad. Vamos de norte a sur, de este a oeste, de arriba abajo y decimos una, dos, tres, veintocho y mil cuatrosientas treinta y dos. Y no, no, porque ahí hay otra, la que nos salteamos porque todavía no estaba del todo oscuro, o porque nos distrajo el perro, el gato o un ratón. Nos distraemos y zas, otro puntito que encontró lugar donde no había lugar.
- Permiiiso - pide el puntito blanco, y empuja y vuelve a empujar un poquito más. Y todavía no. Todavía no. Y pling, o pin, o cualquiera que sea el ruido que hacen las estrellas cuando aparecen. Y ahí está, una más para contar.
Parece mentira que siempre haya un pedacito de noche más. Casi como si se ayudaran para divertirse.
- Mirá - dice una estrella - ahí hay alguien que cree que ya nos conoce a todas
- A ver - le responde la noche - Ah, sí, tenés razón.
Entonces le hace un poco más de lugar y listo, se ríen las dos. Por eso las estrellas titilan. No creo que haya otra explicación. ¿A quién se le ocurriría titilar sólo por titilar ?. A mí no. Por algo debe ser. Como las luciérnagas.
Una vez alguien me dijo que las luciérnagas cargan su lamparita en los postes de luz . Puede ser que sea verdad. O al menos eso parece. Tal vez por eso se llenan de bichos las lámparas. Miles de moscas, mosquitos y bichitos verdes que quieren ser como las luciérnagas y brillar y apagarse y brillar y apagarse. Pero no pueden. Vuelan y pum, se dan contra el vidrio. Pero no se rinden. De alguna manera logran meterse por algún agujerito que ni la lamparita conocía. Y ahí quedan, pobres, tratando de brillar un poco.
Por eso las luciérnagas son como estrellas, o al revés. Las dos brillan cuando quieren. Aparecen y cuando las vamos a agarrar se apagan y se van. Y ahí, a unos manotasos más lejos vuelven a aparecer.
- Acá estoy - nos dicen, para que las busquemos. Pero cuando nos acercamos, zacate, de vuelta todo negro. Como si les agarrara la verguenza un segundo antes.
Son demasiado parecidas. Alguna de las dos se tiene que haber copiado. Da igual. Sirven para cuando se corta la luz y la noche está tibia, como invitándonos a entrar. O salir. Como quieran.