La emocionante mitosis
La repugnante visión de la piel humana que se descascara y cae infinitamente hasta el día en que morimos y tal vez todavía más, sobre alguna ropa que hayamos decidido usar para tan especial ocasión. Una y más escamas blancas que florecen en algún lado de nuestros cuerpos. Muchas o menos personas que lo notan sorpresivamente y, delante de todos nuestros conocidos, exclaman frases no demasiado simpáticas. Verguenza interminable, ganas de volver a nuestras casas para escondernos debajo de una sábana. "¿Vamos al parque?" Nunca más y de ninguna manera. Pero, obviamente, esperamos a que termine la fiesta reunión trabajo clase y recién entonces nos dirijimos al baño para comprobar que sí, es cierto. Algo horrible nos crece en de la piel y cae.
Nuestro primer intento es mojar y humedecer con agua, solución que funciona momentaneamente. Pero, después de un rato, comprobamos con creciente frustración que el agua se evapora y ahora es mucho peor. Así que decidimos frotarnos tal vez desesperadamente mientras rezamos, aunque no creyamos en ninguna divinidad, que nadie nos agarre in fraganti. Una lluvia de sequedad y blancura se desprende de nuestro brazo o cara y se dispersa sobre la mesada en donde estamos apoyados o encima de nuestra remera negra. Dato curioso: el setenta porciento de el polvo de nuestras casas es piel de persona. Nos aliviamos apenas; la cascada no disminuye ni mucho menos se detiene. Nos mojamos las manos para facilitar la encaminante tarea y comenzamos a rascarnos con un poco más de fuerza . Las uñas se nos impregnan con algo negro y mugroso que rápidamente nos lavamos en el torrente de agua y jabón pero los benditos pedazos de muerte siguen ahí.
Nuestra tarea se vuelve épica y, olvidando todo lo demás, nos concentramos sólo en el producto de nuestra ejecutante ecuación. Se clavan las uñas en la superficie ya morada de nuestro brazo o cara y tiran, bajan, suben, desgarran, rompen, tiran, bajan, desgarran. La sangre comienza a brotar de las pequeñas y, por el momento, diminutas heridas. Nos detenemos sorprendidos pero sólo por unos instantes. No podemos permitirnos lujosas distracciónes. Excitante arrancarse pedazos de carne, verlos desaparecer en el torrente de agua por la cañería del baño y notar que todavía hay más para seguir desprendiendo. Más emocionante aún sacarse la remera y descubrir con desesperación y emoción que también ahí debajo estamos cubiertos de nuestra propia piel muerta.


2 Comments:
Me gustó, es extraño, y me gustó, es una forma interesante de ver las cosas... puedo delirarme y sacar varios enlaces psicológicos (paranóicos), pero mejor no, sino te aburro =dd.
Hacía rato tenía ganas de leer algo tuyo, qué bueno que encontraste palabras.
Los finales de cada uno de los últimos relatos, sublimes. Y como te dije con Macarena, en éste también lograste la imagen... me veía a mi misma observando mi cuerpo deshacerse... muy bueno.
Que se te haga costumbre, D.
11:22 p.m.
Dante, te dije que no comas con la comida.
JAJAJA =P
11:54 p.m.
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