Tinta invisible
Un señor tiene muchas ganas de escribir. Para no perder el tiempo, toma una lapicera y se dispone a garabatear pero, apenas acerca la mano al papel, la lapicera desaparece. Aunque extrañadísimo, el señor procura no caer en la idiotez de dar por cierto lo que acaba de observar. Ni los objetos, ni mucho menos las lapiceras desaparecen de las manos así como así, se dice muy convencido. Más calmado, el señor, dando por perdida la lapicera anterior, va en busca de otra. Al cabo de unos minutos encuentra una de color rojo. Muy contento, toma una hoja de papel y, algo nervioso, aprieta la punta de la lapicera contra la celulosa blanca. Esta vez tiene más suerte, y la birome roja escupe las primeras dos letras de su primer palabra. Entusiasmado, intenta continuar. Sin embargo, en ese mismo instante la lapicera y ahora también la hoja de papel desaparecen justo enfrente de sus ojos. Conmoción. El señor no lo puede creer. Es imposible, las leyes de la física no son así. Algo tiene que estar muy mal. De seguro olvidé tomar las pastillas de la tarde. Ahora el señor está un poco más preocupado, y se dirige hacia su cocina para beber un poco de agua. Toma un vaso de la estantería, abre la heladera y se sirve de la jarra que, cuidadosamente llena todos los días a eso de las cinco. Sin embargo, cuando intenta llevar el vaso a sus labios, se da cuenta de que ya no hay más vaso y, en realidad, se está metiendo los dedos en la boca. Desastre. El señor pierde la calma y abre la heladera, angustiadísimo. Pero dentro de la heladera también empiezan a desaparecer las cosas. Primero los tomates y la carne, luego las bananas y el flan, y entonces ya no hay más puerta de heladera para abrir, ni heladera para mirar, y el señor empieza a perder la compostura y grita. Que esto ya no es divertido. Que paren con la broma, che, que ya está grande para este tipo de cosas. Nada. La estantería ya no existe y de los vasos ya no hay ni rastro. Ahora la pared es una vereda por donde pasan los autos y el techo es un sol de mediodía que quema si uno no usa protector y es peligroso por el cáncer y la macana de la capa de ozono que también desapareció pero de eso hace mucho tiempo. El señor empieza a llorar tristísimo, pero las lágrimas tampoco salen y ni la angustia le queda. Mira el cielo y suplica desconsolado que quiere un rato más, que eso no es justo, que el siempre se portó bien y nunca hizo mal. Nadie lo escucha y lo único que queda son las dos primeras letras de la única palabra que logró escribir.


9 Comments:
jajaja, qué detestable sos, si yo fuera un personaje tuyo te mataría.
Buenísimo el cuento, te desespera a cada momento, muy bien logrado che, y ya era hora, qué querés que te diga, jajaja.
Salud =D
2:20 p.m.
NO!
basta de despertarme!
3:09 p.m.
No me gusto porq no me genera nada. Ni ganas d leerlo entero, no tiene algo q me llame la atencion, tal vez es eso Calu lo q hace q no me guste.
1:23 a.m.
Me encantaría saber en qué pensás cuando escribís...me encantaría...y quiero ese libro que estoy reclamando hace tiempo ya...
con ilustraciones del tipo de las fotos del flog, con la tapa de la foto del algodón...
Te quiero Dan
y espero más de esto...
5:41 p.m.
estem...mierda, mas vale que leo tu blog!
Y si no comento es porque no se que decir: los "cuentos", o la narrativa, es algo que me cuesta comentar...
...eso mas alla de que soy ortiva :P
2:22 a.m.
Hola Dantin! me gusto mucho la idea, sin embargo la manera apresurada para describir las sensaciones del protagonista hace que se pierdan y no logren la desesperacion en el lector. En el final noto que quisiste explicar el por que de la situacion y quedo un poco confuso.
3:33 p.m.
Me parece muy parecida a la historia de Kafka, "Metamorfosis".
jeje =)
11:41 p.m.
Me gusto, se parece algo que escribi hace tiempo pero al reves (yo me entiendo). Espero poder pasar con mas tiempo y leer viejos posts.
Saludos
7:39 a.m.
Me gusto!
te invito a mi blog..
9:38 p.m.
Publicar un comentario
<< Home